Sant Llorenç de la Muga

Fundado en 972, el pueblo de Sant Llorenç de la Muga se encuentra en las estribaciones de los Pirineos catalanes, a pocos kilómetros de la costa mediterránea. La organización oficial de turismo de Girona, el Patronat de Girona, ha calificado el pueblo de Sant Llorenç de la Muga como uno de los más encantadores de la provincia. Aun así, se ha sabido mantener original, evitando las multitudes de visitantes en el verano que a menudo carga pequeños pueblos y ciudades de la zona.

El nombre del pueblo se traduce a San Lorenzo de la Muga – el Muga es el río que fluye como una luna creciente alrededor de las murallas fortificadas de la aldea.

Su historia es larga y colorida, y conserva su encanto de siglos pasados. Su cercanía geográfica a la frontera francesa a menudo significaba asedios, incursiones y contrabando, hasta bien entrado el siglo XX.

Ahora, el pueblo ofrece tranquilidad  durante la mayor parte del año, donde los pájaros y las campanas de la iglesia son los únicos ruidos que rompen el silencio.

Sólo durante agosto se rompe esta quietud, dando paso a la afluencia de “estiuejants”, término para las generaciones de habitantes de Sant Llorenç que han emigrado a las ciudades por trabajo, pero que han mantenido sus antiguas residencias en el pueblo. Regresan cada agosto, para escapar el calor opresivo de Barcelona y Girona. Es durante este mes que el pueblo celebra su fiesta mayor (10 de agosto) con una semana de actividades previstas para niños y adultos, incluyendo una olimpiada infantil llamada “Cucanyes” y conciertos nocturnos hasta altas horas de la madrugada.

Su gran plaza central está a pocos pasos de Torre Laurentii y ofrece al visitante una gran cafetería con una terraza con vistas a la plaza, dos restaurantes y una tienda de víveres, que se jacta de tener prácticamente todo, desde frutas frescas hasta patatas chips, clavos y martillos, cepillo y pasta de dientes. Hay también otro restaurante situado en la plaza inferior, a pocos pasos de distancia.

Detrás de la iglesia de Sant Llorenç, se encuentran los peldaños que conducen al río. Cada verano los vecinos lo represan para ofrecer a los lugareños y veraneantes un lugar para estirar su toalla, tomar y refrescarse en el agua fresca del río.

Los visitantes activos e inquietos, también tienen senderos y caminos para explorar los alrededores. Una torre de vigiliancia medieval comprende un paseo de veinte minutos fáciles, que recompensan con vistas espectaculares. La ermita de Sant Jordi (San Jorge) es una escalada suave de 1,5 horas, y los exploradores más agresivos pueden intentar las 3 horas a Santa Magdalena, y la Roca de la Penya, o los 40 km. del Camino de la Muga, que sigue el río al Mediterráneo en Empuriabrava.

Una estancia en Sant Llorenç te transportará a otra tiempo y lugar, donde podrás desconectar de las tensiones de la vida urbana moderna. Su auténtica arquitectura medieval, su tranquilo río serpenteante y su aire de montaña, se unen para crear una experiencia mágica que no olvidarás.